Estoy segura de que a día de hoy, prácticamente todos hemos oído hablar alguna vez del Mindfulness pero ¿sabemos realmente qué es y en qué puede ayudarnos?

El Mindfulness es una filosofía de vida basada en la búsqueda de la atención o conciencia plena a través de la meditación. Es decir, su objetivo persigue centrar nuestra atención en el “aquí y el ahora”, en ayudarnos a tomar conciencia del momento presente y de la realidad que vivimos en cada momento, alejándonos del pasado y del futuro, que son los momentos en los que centramos nuestra atención el 99% de nuestro tiempo.

Aunque su nombre equivocadamente nos puede llevar a pensar que es una moda reciente, la realidad es que es una práctica que tiene su origen en el budismo, si bien, no cuenta con ningún componente religioso ni espiritual.

Yo desconocía su existencia hasta que un buen día, alguien puso en mis manos el libro “Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético“. (Mark Williams y Danny Penman).

No puedo decir que me haya cambiado la vida al 100% y que sea el milagro que todos estábamos esperando para cambiar radicalmente nuestras vidas y mentes inquietas. No obstante, si os puedo decir que ha supuesto un pequeño giro en mi día a día, y me ha ayudado (y ayuda) a desconectar el “piloto automático” que todos llevamos encendido prácticamente once meses al año, a centrarme en el aquí y el ahora, y a gestionar mis emociones, reacciones, actitudes y pensamientos.

El trabajo, la familia, la casa…nos hacen actuar a diario como máquinas que ejecutan el mismo programa una y otra vez. Es decir, con el piloto automático encendido a todas horas y recorriendo el mismo camino, día tras día. Y es en este camino en el que a veces, algunas personas, nos encontramos con episodios de estrés que terminan conduciéndonos a crisis de ansiedad con las cuales, nuestra salud física y mental termina viéndose inevitablemente afectada, y con ello nuestro trabajo y nuestra familia.

Llegados a este punto os preguntaréis, pero ¿qué tengo que hacer exactamente? Y otros muchos ya estaréis pensando: ¡No tengo tiempo! o ¡No tengo espacio en mi casa para un jardín de arena ni para incluir cinco Budas en mi salón!

¡Tranquilos! ¡Que no cunda el pánico! Nada de eso es necesario. Bastan diez minutos al día y el único requisito es que el lugar que elijas te transmita tranquilidad.

En mi caso concreto, empecé a cumplir con las pautas indicadas en el libro mencionado, que está dirigido a personas que nunca han tenido contacto con el mindfulness, y contiene un programa para ocho semanas. El ejercicio de las uvas pasas o el del cepillo de dientes, son de los primeros del libro y ambos te ayudan a centrarte plenamente por primera vez en actos comunes pero que pasan totalmente desapercibidos para nuestra mente, como comerte un puñado de uvas pasas (centrarte en su sabor, en lo que sientes mientras las comes), o que durante siete días a la semana, mientras te cepillas los dientes por la noche, pienses únicamente en eso: en el cepillado de tus dientes (y no en la lista de la compra, el juicio del día siguiente o la ropa que te vas a poner).

Estos simples ejemplos son los que nos van a permitir tomar conciencia de la intensa actividad de nuestra mente, ayudándonos a posteriori a echar el freno y a centrar nuestra atención plena en lo que hacemos, decimos y vemos en cada momento concreto. En el aquí y el ahora.

Otra opción que he probado han sido las app de meditaciones guiadas, como Intimind o Headspace, que utilizo antes de dormir y que están organizadas por temas: relajación, gestión de las emociones (miedo, tristeza, rabia), habilidades sociales y profesionales, que en función de lo que esté buscando o me preocupe en ese momento concreto, voy eligiendo y practicando.

Dicho esto, solo os puedo animar a que lo probéis.

Cambiar es posible 🙂