BLOG PERSONAL

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“La tecnología está reinventando los modelos de negocio pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito.”
Stephen Covey

Conócenos un poco más conociendo lo que nos gusta. En este blog contamos lo que nos gusta, porque esta profesión es muy personal.

Soy cientófila…

… en mis ratos libres, de letras el resto del tiempo. Soy licenciada en Historia y tengo un Máster en Archivística, pero antes de eso empecé la carrera de Químicas, tuve que admitir la realidad y dejar la ciencia de lado, porque no era lo mío, pero me encanta y me parece fascinante, aunque no consiga retener absolutamente nada.

Durante los años de carrera y mucho tiempo después dejé de lado la ciencia por completo, gran error. Pero hace unos años empezaron a emitir en La2 un programa sobre ciencia, Órbita Laika, y ahí redescubrí un mundo apasionante, y a Antonio Martínez Ron, desde entonces mi divulgador científico de cabecera, es redactor jefe de Next, la sección de ciencia del diario digital Vozpopuli, creador del blog Fogonazos y de Naukas (junto a otros compañeros), y creador, junto a Javier Peláez y Javi Álvarez, del podcast Catástrofe ultravioleta (ganador del premio Ondas 2017) y muy recomendable es su libro El ojo desnudo (Ed. Crítica)

Gracias a Antonio descubrí el podcast Coffe Break: Señal y Ruido, tertulia científica sobre la actualidad de la ciencia, todas las semanas espero con ansias el viernes para poder escucharlo con la calma y disfrutar cada segundo. Tardé casi 4 meses en escuchar los primeros 122 episodios. Con algunos programas especiales, como por ejemplo de Cosmología o Física de partículas. Presentado principalmente por Héctor Socas-Navarro, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias, participan también en ella un montón de científicos increíbles, Francis Villatoro, Bernabé Cedrés, Marian Martínez, Itahisa Marcelino, Andrés Asensio, Sara Robisco, Héctor Vives, Carlos González, Ángel López-Sánchez y muchos otros. Pero he de reconocer (aunque no debería) que siento especial debilidad por Héctor Socas, con esa voz cautivadora y con algunas reflexiones dignas de admiración; Carlos Westendorp, el hombre tranquilo, que incluso cuando se enfada lo hace con una serenidad envidiable; y Alberto Aparici, el acaparador de conocimientos de todo tipo, que luego amablemente comparte con todo el mundo (también participa en los programas de Onda Cero La Brújula y Más de uno, y el podcast El Aleph).

Y gracias a Coffe Break descubrí Radio Skylab, otro podcast, para espaciotrastornados, presentado por Víctor Ruiz, Victo Manchado, Carlos Pazos y Daniel Marín, (cada uno de ellos tiene a su vez un blog de ciencia cada uno Infoastro, Pirulo Cósmico, Mola Saber y Eurekablog, respectivamente) donde se juntan para hablar sobre el espacio, la ciencia y otras curiosidades, quizás un programa un poco más estructurado que el de Coffe Break, eligen un par de temas y los desarrollan y hacen recomendaciones de libros, películas, etc., sobre los temas tratados. Especial mención fuera del podcast a las ilustraciones de Carlos Pazos y los hilos, en Twitter, sobre astronomía de Víctor Manchado (#lunesastronómico).

Y para terminar recomiendo el libro Una breve historia de casi todo (Ed. RBA), de Bill Bryson, divulgación científica de la buena.

En fin, que la ciencia mola mil.

Gracias a los científicos soberbios por su labor y dedicación.

No son sexis, son niñas

Con ocasión de las próximas fechas Navideñas en el Colegio de mis hijas celebran una fiesta de final de trimestre en la que los niños pueden ir disfrazados (esta vez nos han hecho el favor de que la temática sea libre, ya que muchas veces nos lo ponen tan difícil que eso daría para hablar largo y tendido).

A fin de elegir un disfraz hemos ido al típico bazar, tan socorrido en estos casos, y la indignación ha sido mayúscula cuando hemos visto que había dos secciones de disfraces distinguidos por el género (disfraces de niña y disfraces de niño), y no solo eso, sino que en muchos casos el disfraz de niña era la versión sexi del de niño, y así podías encontrar una bombera con minifalda, una policía con un amplio escote, etc… Además, la foto del paquete presentaba a niñas en actitud que no era propia para la edad en cuestión (estamos hablando de 4/6 años).

Esto me ha hecho reflexionar sobre algo que considero muy preocupante, la hipersexualización, cada vez más temprana, a que se somete a las niñas, ya que no es solo un disfraz, sino el mensaje que mandamos a los niños, perpetuando de una forma muy clara las diferencias de género. Si eres niña, tienes que estar guapa, pintarte, peinarte, ponerte muchos accesorios para gustar.

De esa forma solo hacemos niñas frágiles y vulnerables, que basan sus valores fundamentalmente en gustar a los demás. Por eso cuando mis hijas me preguntan si están guapas mirándose al espejo con la cara pintada como una puerta y una corona que pesa más que sus cabecitas (“adornadas” como dicen ellas) les digo que son guapas por cómo son, no por lo que se ponen, pero que además son fuertes, listas, inteligentes, divertidas, valientes… ¡¡claro que sí!!

Este tema de los disfraces es un exponente del resto de signos que encontramos en el día a día de la diferencia de géneros ya desde pequeños (juguetes, revistas, publicidad, series, videojuegos…) y que debe hacernos reflexionar.

En fin, que salimos del bazar compuestos y sin disfraz.

Finalmente irán vestidas de reno, con su nariz roja, sus cuernos, sus pezuñas y su manto de pelo, porque disfrazarse es eso, desfigurarse, enmascararse, con el fin y propósito fundamental de pasarlo muy bien, da igual que sean niños o niñas, respetemos su infancia.

Saludo al sol

Repasando mentalmente los deportes que he practicado durante mi vida (baloncesto, voleibol, natación, futbol, béisbol, tenis…) ninguno une en mí tantas cosas como el yoga.

Cuida tu cuerpo, pero también tu interior, te conecta a través del trabajo físico y mental con el cuerpo, con la parte más profunda de ti misma. Yo siempre lo había tenido como algo aburrido y en lo que no se hace mucho ejercicio.

Pero conforme ha ido pasando el tiempo, me gusta más y me enganchó. Necesitaba algo que me ayudara a gestionar las emociones y lo encontré.

El afán de instruirme, profundizar y estudiar me llevó a clase de yoga y el primer día salí más relajada y con la mente algo calmada, con los músculos algo más tonificados y parecía —sí, parecía— más alta. La verdad, había oído hablar sobre el yoga y sus propiedades relajantes, pero nunca se me había ocurrido que tuviera tantas facultades: alivia los dolores, mejora la automotivación y la concentración, te mantiene en el peso, reduce el estrés…

Porque la clase de yoga es mucho más que un ejercicio o una simple relajación, la meditación tiene que ver con el cultivo de la paz interior y la quietud, la conexión con el momento presente, aquí y ahora, que tanto nos dice Piedad, mi profesora. Sus verdaderos objetivos comienzan a dar frutos cuando se empieza a escuchar al propio cuerpo con respeto y se es capaz de observar la mente con objetividad y desapego, y se aprende a vivir la vida desde la propia realidad interior.

En resumen, el yoga es una medicina, es regalarme momentos para mí, me sosiega y me conecta más con el presente. Ayuda a compensar las posturas de horas y horas sentada en el despacho y he encontrado a gente, mejor dicho, amigos, con un estilo de vida parecido y similar visión de la vida.

Tengo que mejorar los equilibrios, es mi reto.

 

 

Ara Malikian y la increíble gira de violín

Obertura

Love Of Lesbian (que, para el que no lo sepa, es uno de los grupos estandarte de la escena Indie española), en uno de sus temas más famosos: “Club de fans de John Boy”, cantan la experiencia de alguien que asiste obligado y sin ninguna expectativa a un concierto del tal John Boy, y que, al término del recital, acaba por reconocer:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otro fan de John Boy”

Acto I

Posiblemente por desconocimiento, nunca me he sentido especialmente atraída hacia la música clásica. Aunque si tenía referencias sobre Ara Malikian. Único violinista que me resultaba conocido.

Conocidos y extraños me contaban maravillas sobre él; sobre todo que tenía la virtud de acercar a los profanos a un instrumento que, de inicio, parece indefectiblemente asociado a la música clásica. Pero reconozco que pensaba que, por mucho acercamiento al instrumento que él propusiera, si del violín solo salía música clásica, seguiría sin gustarme especialmente.

Y no podía estar más equivocada…

Acto II

En una ocasión, hace un par de años; mi hijo mayor (que, entonces, tenía tres años) me dijo que su ídolo era Lemmy Kilmister (fallecido líder del grupo de Heavy Metal “Motörhead”) y que él no quería oír “¡Nada de popito!”, refiriéndose a que no quería escuchar nada que no fuera el rasgueo de las más salvajes guitarras eléctricas rocanroleras. Por lo que decidí que tal vez convenía tratar de acercarle a géneros y estilos musicales un poco más “suaves”…

Poco después me enteré de que Ara (discúlpeseme la licencia, pero después de disfrutar de su cercanía en el escenario, me gusta pensar que puedo dirigirme a él sólo por su nombre de pila) ofrecía un recital para niños llamado “Mis primeras cuatro estaciones”. Así que, si bien con inicial escepticismo, compré las entradas y asistí con mi pequeño heavy al teatro.

Superó cualquiera de mis expectativas y creo que, también, las del mini-roquero, que salió del teatro diciendo que de mayor seguía queriendo ser Axl Rose, pero que, ahora, para su cumpleaños, quería un violín…

Acto III

Sabía que mi marido se había quedado con las ganas de ser él el que llevara a nuestro hijo al concierto para niños, así que, cuando me enteré de que justo el fin de semana de su cumpleaños, Ara traía a Santander su espectáculo “La Increíble Historia de Violín”, no dudé en regalarle las entradas.

Yo creía que sabía lo que iba a ver, ¡y estaba encantada! Aunque, debo reconocer que aún no sabía si un espectáculo de más de dos horas y media de duración, me mantendría tan interesada como lo hizo el que sólo duró una hora. ¡La realidad es que ni sospechaba lo que me iba a encontrar!

Ara, con su violín, capitanea una banda formada por otro violín, una viola, un violonchelo, un contrabajo, batería, percusión, guitarra eléctrica y (atención spoiler…) ¡la imprescindible campanilla!, que termina por ofrecer un espectáculo que se acerca más a un concierto de rock and roll, que, a un recital de música clásica.

Interpretando temas de los mejores compositores clásicos y contemporáneos; intercalando otros temas compuestos por él que “te iba colando” (como bromeaba Ara al presentarlos); pasando de Niccolò Paganini a Led Zeppelin; mostrando su cautivadora y perenne sonrisa; con su carisma arrollador y; a través de anécdotas, bromas y reflexiones, Ara nos guio por los hitos que han marcado su azarosa vida y la de su violín, llenando el Palacio de Deportes de Santander de emoción.

El final del concierto fue unánime: una interminable ovación de todo el público asistente, todos en pie y con la convicción de que esa banda bien merecía que nunca dejásemos de aplaudir. Seguramente, todos pensando, como yo, que Ara era ya nuestro amigo, que cualquier día podríamos llamarle para tomar un café y que él, por supuesto, aceptaría gustoso.

Acto IV

Tanto me gustó que, tras el concierto, me interesé por su biografía. Comprobé que lo que nos había contado a lo largo del concierto era cierto, si bien, convirtiendo en anécdotas casi cómicas, aquello que más le engrandece; como el haber sido capaz de ofrecer su primer concierto importante a la edad de 12 años; o el haber conseguido que el gobierno alemán le concediera una beca, a la edad de 14 años, para cursar estudios en la prestigiosa Hochschule für Musik und Theater Hannover (que le permitió huir de la guerra civil de Líbano, país del que Ara es originario), consiguiendo con ello, y entre otras cosas, ser el alumno más joven en cursar allí sus estudios.

En definitiva, por si alguien aún se lo pregunta, mi regalo de cumpleaños fue todo un éxito y, por terminar como empecé:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otra fan de Ara Malikian”

La talla 38

Tengo 47 años y tengo que confesar que no tengo una talla 38 ni una 44. Es verdad que cada vez más firmas tienen ropa y complementos para gente que no tenemos medidas estándar, pero yo que soy una adicta a la moda se me quedan “pequeñas”, muy “pequeñas”…..

Me encantaría que firmas low cost del mercado se abrieran a este tipo de mujer, poder entrar en Zara y comprarme la cazadora amarilla, el famoso vestido gabardina o los pantalones con flecos, como todas las mujeres de España.

Gracias a mujeres como Ashley Graham, Vicky Martín Berrocal o Marisa Jara, esta sociedad se ha dado cuenta de que las mujeres también tenemos curvis y que tenemos derecho de ir a la moda.

No lo voy a negar. Me encantaría tener una talla 38, pero esto no quiere decir que no me sienta orgullosa de como soy, de verme guapa frente al espejo y de querer irme de compras cuando tengo un mal día.

Por ello pido, suplico que nos tengan en cuenta, quiero ir a la moda y sentirme atractiva.

Los padres

No se me ocurre nada más personal que recordar a mi padre, quien, este mes de octubre, hace un año que me dejó.

Sigo recordando cada día sus muecas haciéndose el gracioso en el espejo del ascensor y nuestros encubrimientos mutuos cuando nos poníamos a comer chocolate, las pelis y series que vimos juntos en el salón y todos nuestros momentos cómplices, porque nos entendíamos mejor que nadie.

Echo de menos sus continuos consejos sobre los aspectos realmente importantes de mi vida y su tremenda preocupación por lo desastre que soy a veces. A pesar de todo, sé que estaría muy orgulloso de mí y de cómo he conseguido seguir adelante con fuerza y alegría, en vez de con tristeza, sintiéndole aquí conmigo.

Estoy segura de que, para ello, ha sido imprescindible el continuo e incondicional apoyo que me brindó durante los 27 años que estuvo a mi lado. Ese apoyo incondicional, aunque ni siquiera entendiera lo que yo perseguía, que me dejaba con la conciencia tranquila porque sabía que él aprobaba lo que estaba haciendo, incluso sin compartirlo.

Precisamente en este trabajo se lidia a menudo con situaciones en las que los padres se ven privados del contacto con sus hijas, sin motivo, injustamente y a menudo por culpa del dinero. No saben el daño que se hace a las hijas al privarles del contacto con sus padres, del cariño diario, de los consejos importantes y de las conversaciones triviales y, en definitiva, de la gran figura paterna que tan importante es, especialmente, para las niñas.

He experimentado en primera persona lo que es tener a un padre bueno y dispuesto a dar todo por sus hijos y lo impagable que es ese apoyo y amor incondicional, que se quedan para siempre. Por eso, desde aquí, animo a todos los padres a que sigan luchando por tener una relación sana, cercana y próxima con sus hijas, para que ellas sientan que, aunque no puedan verse cada día, tienen a un gran padre a su lado.

Jerez y su Albero

Aunque soy madrileña, cuando viajo a Jerez de la Frontera me siento como una jerezana más. La primera vez que la visité fue hace diez años con motivo de la Feria del Caballo. Me enamoré de esta ciudad, de su elegancia y de su alegría y la sigo visitando con frecuencia porque el padre de mi hijo es jerezano.

Cualquier época es buena para visitarla. Su clima invita al paseo, parar en sus ventas que huelen a vino añejo y degustar una copita de vino fino con un rico aperitivo, unos chicharrones, unas galeras, una tapita de mojama o unas quisquillas, productos gaditanos que como dicen allí “te quitan el sentio”.

La Semana Santa y las Zambombas en Navidad son un buen momento. Aunque una escapada de fin de semana también es una buena opción porque siempre puedes ir a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y ver como los caballos bailan, visitar una bodega o acudir a un espectáculo de flamenco, aunque en sus calles siempre algún jerezano se arranca con un cante.

Y lo mejor es su Feria. El desfile de caballos por el Real sobre el albero, las mujeres vestidas de flamenco, las casetas animadas por actuaciones en directo. Un buen plan en Mayo, cuando el calor empieza a asomar.

La comunicación con Madrid es buena porque hay un tren con destino directo a Jerez y hay una buena oferta hotelera a buenos precios.

 

Mi primera vez

Recuerdo como si fuera ayer (ojalá fuera ayer, por aquello de quitarme años ), cuando finalicé el Instituto. Tenía que elegir carrera, cosa que fue sencilla, desde bien pequeña lo tenía claro, yo iba a ser abogada.

Al llegar a la Universidad (mi adorada Carlos III) además de conocer a gente con la que compartir aquellos años, cuyo cariño y amistad aún mantengo, conocí al que sería mi compañero de fatigas durante largos años, el Derecho.

Al finalizar mi etapa universitaria, tenía ganas de comerme el mundo. Casi de inmediato comencé mi andadura profesional en ABA Abogadas fue todo un reto para mí. El aprender de grandes profesionales, la atención al público, los primeros juicios (esos que te hacen romper la barrera de la vergüenza, del miedo a hablar en público que me había impedido hacer exámenes orales durante la época estudiantil) trabajar bajo presión con plazos preestablecidos, pan comido.

¿Por qué digo “pan comido”? Nada te prepara para el momento en el que eres madre. Adiós planificación, tiempo libre, vida propia, pero bueno, todo compensa. Lo peor de todo son los engaños de tu entorno. ¿Por qué nadie habla de los parques de bolas? ¿por qué no te avisan antes de decidir lanzarte a la maternidad de que esos lugares existen? No son un mito como los unicornios.

¿Habéis ido alguna vez? Oh my God! Ningún juicio encarnizado es peor, decenas de niños gritando en un lugar donde el eco amplía los decibelios, todos sudados, todos quieren agua, todos quieren pis. Conseguir llegar a tu hijo es mas complicado que el que te dejen mas de 5 minutos de conclusiones en un juicio…

En ese momento piensas, ¿qué momento de mi vida me ha hecho llegar aquí? Pero bueno, luego llegas a casa, tu hijo cae en coma profundo del agotamiento y piensa: qué bien se lo ha pasado y mando mis peores deseos a los inventores de los parques de bolas.

Amén.

 

 

Vacaciones

Buena palabra; suena bien.

Más que sonar, resuena. Resuena como un eco no sé si en el cerebro, en el estómago o en el corazón, pero, en todo caso, en lo íntimo de cada uno.

¡Y qué distinto va siendo este eco a lo largo del tiempo! Recuerdo con nitidez algunos episodios de mis vacaciones primero infantiles, luego como adolescente, luego estrenando mi mayoría de edad y mi independencia… Luego, luego, luego… Han pasado años y vacaciones, y cada año, en cada época de mi vida, mis vacaciones han ido siendo distintas. Y cada año, cuando llega la época de las vacaciones todos los episodios, todas las sensaciones de las vacaciones pasadas parecen apretarse en una bola, una pelota cada vez más grande, pero siempre agridulce y siempre prometedora.

Una colega jueza me dice que han terminado por ir de vacaciones siempre al mismo lugar, una casa familiar que han ido arreglando y adaptando a su gusto. Me dice: cuando al entrar en la casa veo en el perchero colgado el viejo jersey del invierno ya sé que han comenzado las vacaciones. Me divierte recordar esta frase y esta escena.

En cambio, otro colega – socio de un despacho importante- viaja con su familia cada vez a un lugar distinto. Pero él sigue siendo el mismo: “El primer día de vacaciones me levanto a la misma hora de siempre y lo primero, consultar la agenda…”.

Hay gustos para todo, dice el saber popular.

En las vacaciones de mi propia familia he aprendido a ir disfrutando de las vivencias de los distintos miembros: las impaciencias infantiles, las inquietudes adolescentes, las persistentes preocupaciones adultas; y también de las peculiares costumbres de los abuelos cuando nos visitan. Algún tiempo me queda para pensar en mí. Al sol, en una confortable butaca de mimbre, con una copa de vino cerca.

Estas son, ahora, mis vacaciones. Siempre bienvenidas.

Buenos Aires

Este año voy a pasar mis vacaciones a Buenos Aires, ciudad con nombre evocador que conozco bien por razones familiares. Es la primera vez que voy en verano –su invierno- y será un contraste pasar en doce horas de los cuarenta grados de temperatura de  Madrid, a los menos de diez grados que hará en la capital argentina. Será la única novedad que me deparará este viaje. Todo lo demás ya no me sorprenderá.

Sé que me espera la hospitalidad de los argentinos, gente cálida y cercana donde las haya. Que te encandilan con su verbo fácil. Que transmiten vitalidad y optimismo con generosidad.

Me tocará dar un beso -no dos como en España- cuando vuelva a ver a una persona conocida, o alguien que me acaben de presentar, sea hombre o mujer.

Comeré la mejor carne de vaca del mundo, hecha en parrilla. También empanadas -el otro plato nacional- que son del tamaño de nuestras empanadillas pero están cocinadas al horno, preparadas con otra masa, y rellenas la mayor parte de las veces de carne. Sin olvidar la herencia gastronómica recibida de los inmigrantes italianos, en platos como las pizzas, hechas con una masa más gruesa que la italiana, pero igual de ricas, y en postres como el helado, que no hay que dejar de probar. Y de sobremesa, el mate, bebida argentina por excelencia. Es una hierba -yerba dicen ellos- que se toman en una taza específica para ello, llamado mate, y con una especie de pajita metálica, llamada bombilla. Beberlo acompañado es todo un ritual, porque se utiliza un único recipiente y una única pajita que se van pasando de mano en mano, sin que a nadie se le ocurra limpiarla antes de llevársela a la boca.

Y pasearé por sus calles, algunas de ellas anchísimas como la Avenida de Mayo, otras estrechas como la calle Florida, regada de tiendas turísticas, donde se pueden comprar artículos de cuero, y cambiar euros en pesos argentinos. Y por sus barrios, Palermo -una especie de Malasaña porteño-, la Recoleta -zona noble de la capital, su barrio de Salamanca-, por el barrio de San Telmo -famoso por sus tiendas de antigüedades-, o por el barrio de la Boca, pintoresco donde los haya, donde residieron los primeros emigrantes italianos.

En fin, se lo que me espera, y por eso estoy deseando ir.