BLOG PERSONAL

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“La tecnología está reinventando los modelos de negocio pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito.”
Stephen Covey

Conócenos un poco más conociendo lo que nos gusta. En este blog contamos lo que nos gusta, porque esta profesión es muy personal.

Ara Malikian y la increíble gira de violín

Obertura

Love Of Lesbian (que, para el que no lo sepa, es uno de los grupos estandarte de la escena Indie española), en uno de sus temas más famosos: “Club de fans de John Boy”, cantan la experiencia de alguien que asiste obligado y sin ninguna expectativa a un concierto del tal John Boy, y que, al término del recital, acaba por reconocer:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otro fan de John Boy”

Acto I

Posiblemente por desconocimiento, nunca me he sentido especialmente atraída hacia la música clásica. Aunque si tenía referencias sobre Ara Malikian. Único violinista que me resultaba conocido.

Conocidos y extraños me contaban maravillas sobre él; sobre todo que tenía la virtud de acercar a los profanos a un instrumento que, de inicio, parece indefectiblemente asociado a la música clásica. Pero reconozco que pensaba que, por mucho acercamiento al instrumento que él propusiera, si del violín solo salía música clásica, seguiría sin gustarme especialmente.

Y no podía estar más equivocada…

Acto II

En una ocasión, hace un par de años; mi hijo mayor (que, entonces, tenía tres años) me dijo que su ídolo era Lemmy Kilmister (fallecido líder del grupo de Heavy Metal “Motörhead”) y que él no quería oír “¡Nada de popito!”, refiriéndose a que no quería escuchar nada que no fuera el rasgueo de las más salvajes guitarras eléctricas rocanroleras. Por lo que decidí que tal vez convenía tratar de acercarle a géneros y estilos musicales un poco más “suaves”…

Poco después me enteré de que Ara (discúlpeseme la licencia, pero después de disfrutar de su cercanía en el escenario, me gusta pensar que puedo dirigirme a él sólo por su nombre de pila) ofrecía un recital para niños llamado “Mis primeras cuatro estaciones”. Así que, si bien con inicial escepticismo, compré las entradas y asistí con mi pequeño heavy al teatro.

Superó cualquiera de mis expectativas y creo que, también, las del mini-roquero, que salió del teatro diciendo que de mayor seguía queriendo ser Axl Rose, pero que, ahora, para su cumpleaños, quería un violín…

Acto III

Sabía que mi marido se había quedado con las ganas de ser él el que llevara a nuestro hijo al concierto para niños, así que, cuando me enteré de que justo el fin de semana de su cumpleaños, Ara traía a Santander su espectáculo “La Increíble Historia de Violín”, no dudé en regalarle las entradas.

Yo creía que sabía lo que iba a ver, ¡y estaba encantada! Aunque, debo reconocer que aún no sabía si un espectáculo de más de dos horas y media de duración, me mantendría tan interesada como lo hizo el que sólo duró una hora. ¡La realidad es que ni sospechaba lo que me iba a encontrar!

Ara, con su violín, capitanea una banda formada por otro violín, una viola, un violonchelo, un contrabajo, batería, percusión, guitarra eléctrica y (atención spoiler…) ¡la imprescindible campanilla!, que termina por ofrecer un espectáculo que se acerca más a un concierto de rock and roll, que, a un recital de música clásica.

Interpretando temas de los mejores compositores clásicos y contemporáneos; intercalando otros temas compuestos por él que “te iba colando” (como bromeaba Ara al presentarlos); pasando de Niccolò Paganini a Led Zeppelin; mostrando su cautivadora y perenne sonrisa; con su carisma arrollador y; a través de anécdotas, bromas y reflexiones, Ara nos guio por los hitos que han marcado su azarosa vida y la de su violín, llenando el Palacio de Deportes de Santander de emoción.

El final del concierto fue unánime: una interminable ovación de todo el público asistente, todos en pie y con la convicción de que esa banda bien merecía que nunca dejásemos de aplaudir. Seguramente, todos pensando, como yo, que Ara era ya nuestro amigo, que cualquier día podríamos llamarle para tomar un café y que él, por supuesto, aceptaría gustoso.

Acto IV

Tanto me gustó que, tras el concierto, me interesé por su biografía. Comprobé que lo que nos había contado a lo largo del concierto era cierto, si bien, convirtiendo en anécdotas casi cómicas, aquello que más le engrandece; como el haber sido capaz de ofrecer su primer concierto importante a la edad de 12 años; o el haber conseguido que el gobierno alemán le concediera una beca, a la edad de 14 años, para cursar estudios en la prestigiosa Hochschule für Musik und Theater Hannover (que le permitió huir de la guerra civil de Líbano, país del que Ara es originario), consiguiendo con ello, y entre otras cosas, ser el alumno más joven en cursar allí sus estudios.

En definitiva, por si alguien aún se lo pregunta, mi regalo de cumpleaños fue todo un éxito y, por terminar como empecé:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otra fan de Ara Malikian”

La talla 38

Tengo 47 años y tengo que confesar que no tengo una talla 38 ni una 44. Es verdad que cada vez más firmas tienen ropa y complementos para gente que no tenemos medidas estándar, pero yo que soy una adicta a la moda se me quedan “pequeñas”, muy “pequeñas”…..

Me encantaría que firmas low cost del mercado se abrieran a este tipo de mujer, poder entrar en Zara y comprarme la cazadora amarilla, el famoso vestido gabardina o los pantalones con flecos, como todas las mujeres de España.

Gracias a mujeres como Ashley Graham, Vicky Martín Berrocal o Marisa Jara, esta sociedad se ha dado cuenta de que las mujeres también tenemos curvis y que tenemos derecho de ir a la moda.

No lo voy a negar. Me encantaría tener una talla 38, pero esto no quiere decir que no me sienta orgullosa de como soy, de verme guapa frente al espejo y de querer irme de compras cuando tengo un mal día.

Por ello pido, suplico que nos tengan en cuenta, quiero ir a la moda y sentirme atractiva.

Los padres

No se me ocurre nada más personal que recordar a mi padre, quien, este mes de octubre, hace un año que me dejó.

Sigo recordando cada día sus muecas haciéndose el gracioso en el espejo del ascensor y nuestros encubrimientos mutuos cuando nos poníamos a comer chocolate, las pelis y series que vimos juntos en el salón y todos nuestros momentos cómplices, porque nos entendíamos mejor que nadie.

Echo de menos sus continuos consejos sobre los aspectos realmente importantes de mi vida y su tremenda preocupación por lo desastre que soy a veces. A pesar de todo, sé que estaría muy orgulloso de mí y de cómo he conseguido seguir adelante con fuerza y alegría, en vez de con tristeza, sintiéndole aquí conmigo.

Estoy segura de que, para ello, ha sido imprescindible el continuo e incondicional apoyo que me brindó durante los 27 años que estuvo a mi lado. Ese apoyo incondicional, aunque ni siquiera entendiera lo que yo perseguía, que me dejaba con la conciencia tranquila porque sabía que él aprobaba lo que estaba haciendo, incluso sin compartirlo.

Precisamente en este trabajo se lidia a menudo con situaciones en las que los padres se ven privados del contacto con sus hijas, sin motivo, injustamente y a menudo por culpa del dinero. No saben el daño que se hace a las hijas al privarles del contacto con sus padres, del cariño diario, de los consejos importantes y de las conversaciones triviales y, en definitiva, de la gran figura paterna que tan importante es, especialmente, para las niñas.

He experimentado en primera persona lo que es tener a un padre bueno y dispuesto a dar todo por sus hijos y lo impagable que es ese apoyo y amor incondicional, que se quedan para siempre. Por eso, desde aquí, animo a todos los padres a que sigan luchando por tener una relación sana, cercana y próxima con sus hijas, para que ellas sientan que, aunque no puedan verse cada día, tienen a un gran padre a su lado.

Jerez y su Albero

Aunque soy madrileña, cuando viajo a Jerez de la Frontera me siento como una jerezana más. La primera vez que la visité fue hace diez años con motivo de la Feria del Caballo. Me enamoré de esta ciudad, de su elegancia y de su alegría y la sigo visitando con frecuencia porque el padre de mi hijo es jerezano.

Cualquier época es buena para visitarla. Su clima invita al paseo, parar en sus ventas que huelen a vino añejo y degustar una copita de vino fino con un rico aperitivo, unos chicharrones, unas galeras, una tapita de mojama o unas quisquillas, productos gaditanos que como dicen allí “te quitan el sentio”.

La Semana Santa y las Zambombas en Navidad son un buen momento. Aunque una escapada de fin de semana también es una buena opción porque siempre puedes ir a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y ver como los caballos bailan, visitar una bodega o acudir a un espectáculo de flamenco, aunque en sus calles siempre algún jerezano se arranca con un cante.

Y lo mejor es su Feria. El desfile de caballos por el Real sobre el albero, las mujeres vestidas de flamenco, las casetas animadas por actuaciones en directo. Un buen plan en Mayo, cuando el calor empieza a asomar.

La comunicación con Madrid es buena porque hay un tren con destino directo a Jerez y hay una buena oferta hotelera a buenos precios.

 

Mi primera vez

Recuerdo como si fuera ayer (ojalá fuera ayer, por aquello de quitarme años ), cuando finalicé el Instituto. Tenía que elegir carrera, cosa que fue sencilla, desde bien pequeña lo tenía claro, yo iba a ser abogada.

Al llegar a la Universidad (mi adorada Carlos III) además de conocer a gente con la que compartir aquellos años, cuyo cariño y amistad aún mantengo, conocí al que sería mi compañero de fatigas durante largos años, el Derecho.

Al finalizar mi etapa universitaria, tenía ganas de comerme el mundo. Casi de inmediato comencé mi andadura profesional en ABA Abogadas fue todo un reto para mí. El aprender de grandes profesionales, la atención al público, los primeros juicios (esos que te hacen romper la barrera de la vergüenza, del miedo a hablar en público que me había impedido hacer exámenes orales durante la época estudiantil) trabajar bajo presión con plazos preestablecidos, pan comido.

¿Por qué digo “pan comido”? Nada te prepara para el momento en el que eres madre. Adiós planificación, tiempo libre, vida propia, pero bueno, todo compensa. Lo peor de todo son los engaños de tu entorno. ¿Por qué nadie habla de los parques de bolas? ¿por qué no te avisan antes de decidir lanzarte a la maternidad de que esos lugares existen? No son un mito como los unicornios.

¿Habéis ido alguna vez? Oh my God! Ningún juicio encarnizado es peor, decenas de niños gritando en un lugar donde el eco amplía los decibelios, todos sudados, todos quieren agua, todos quieren pis. Conseguir llegar a tu hijo es mas complicado que el que te dejen mas de 5 minutos de conclusiones en un juicio…

En ese momento piensas, ¿qué momento de mi vida me ha hecho llegar aquí? Pero bueno, luego llegas a casa, tu hijo cae en coma profundo del agotamiento y piensa: qué bien se lo ha pasado y mando mis peores deseos a los inventores de los parques de bolas.

Amén.

 

 

Vacaciones

Buena palabra; suena bien.

Más que sonar, resuena. Resuena como un eco no sé si en el cerebro, en el estómago o en el corazón, pero, en todo caso, en lo íntimo de cada uno.

¡Y qué distinto va siendo este eco a lo largo del tiempo! Recuerdo con nitidez algunos episodios de mis vacaciones primero infantiles, luego como adolescente, luego estrenando mi mayoría de edad y mi independencia… Luego, luego, luego… Han pasado años y vacaciones, y cada año, en cada época de mi vida, mis vacaciones han ido siendo distintas. Y cada año, cuando llega la época de las vacaciones todos los episodios, todas las sensaciones de las vacaciones pasadas parecen apretarse en una bola, una pelota cada vez más grande, pero siempre agridulce y siempre prometedora.

Una colega jueza me dice que han terminado por ir de vacaciones siempre al mismo lugar, una casa familiar que han ido arreglando y adaptando a su gusto. Me dice: cuando al entrar en la casa veo en el perchero colgado el viejo jersey del invierno ya sé que han comenzado las vacaciones. Me divierte recordar esta frase y esta escena.

En cambio, otro colega – socio de un despacho importante- viaja con su familia cada vez a un lugar distinto. Pero él sigue siendo el mismo: “El primer día de vacaciones me levanto a la misma hora de siempre y lo primero, consultar la agenda…”.

Hay gustos para todo, dice el saber popular.

En las vacaciones de mi propia familia he aprendido a ir disfrutando de las vivencias de los distintos miembros: las impaciencias infantiles, las inquietudes adolescentes, las persistentes preocupaciones adultas; y también de las peculiares costumbres de los abuelos cuando nos visitan. Algún tiempo me queda para pensar en mí. Al sol, en una confortable butaca de mimbre, con una copa de vino cerca.

Estas son, ahora, mis vacaciones. Siempre bienvenidas.

Buenos Aires

Este año voy a pasar mis vacaciones a Buenos Aires, ciudad con nombre evocador que conozco bien por razones familiares. Es la primera vez que voy en verano –su invierno- y será un contraste pasar en doce horas de los cuarenta grados de temperatura de  Madrid, a los menos de diez grados que hará en la capital argentina. Será la única novedad que me deparará este viaje. Todo lo demás ya no me sorprenderá.

Sé que me espera la hospitalidad de los argentinos, gente cálida y cercana donde las haya. Que te encandilan con su verbo fácil. Que transmiten vitalidad y optimismo con generosidad.

Me tocará dar un beso -no dos como en España- cuando vuelva a ver a una persona conocida, o alguien que me acaben de presentar, sea hombre o mujer.

Comeré la mejor carne de vaca del mundo, hecha en parrilla. También empanadas -el otro plato nacional- que son del tamaño de nuestras empanadillas pero están cocinadas al horno, preparadas con otra masa, y rellenas la mayor parte de las veces de carne. Sin olvidar la herencia gastronómica recibida de los inmigrantes italianos, en platos como las pizzas, hechas con una masa más gruesa que la italiana, pero igual de ricas, y en postres como el helado, que no hay que dejar de probar. Y de sobremesa, el mate, bebida argentina por excelencia. Es una hierba -yerba dicen ellos- que se toman en una taza específica para ello, llamado mate, y con una especie de pajita metálica, llamada bombilla. Beberlo acompañado es todo un ritual, porque se utiliza un único recipiente y una única pajita que se van pasando de mano en mano, sin que a nadie se le ocurra limpiarla antes de llevársela a la boca.

Y pasearé por sus calles, algunas de ellas anchísimas como la Avenida de Mayo, otras estrechas como la calle Florida, regada de tiendas turísticas, donde se pueden comprar artículos de cuero, y cambiar euros en pesos argentinos. Y por sus barrios, Palermo -una especie de Malasaña porteño-, la Recoleta -zona noble de la capital, su barrio de Salamanca-, por el barrio de San Telmo -famoso por sus tiendas de antigüedades-, o por el barrio de la Boca, pintoresco donde los haya, donde residieron los primeros emigrantes italianos.

En fin, se lo que me espera, y por eso estoy deseando ir.

 

Mindfulness…y eso ¿qué es?

Estoy segura de que a día de hoy, prácticamente todos hemos oído hablar alguna vez del Mindfulness pero ¿sabemos realmente qué es y en qué puede ayudarnos?

El Mindfulness es una filosofía de vida basada en la búsqueda de la atención o conciencia plena a través de la meditación. Es decir, su objetivo persigue centrar nuestra atención en el “aquí y el ahora”, en ayudarnos a tomar conciencia del momento presente y de la realidad que vivimos en cada momento, alejándonos del pasado y del futuro, que son los momentos en los que centramos nuestra atención el 99% de nuestro tiempo.

Aunque su nombre equivocadamente nos puede llevar a pensar que es una moda reciente, la realidad es que es una práctica que tiene su origen en el budismo, si bien, no cuenta con ningún componente religioso ni espiritual.

Yo desconocía su existencia hasta que un buen día, alguien puso en mis manos el libro “Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético“. (Mark Williams y Danny Penman).

No puedo decir que me haya cambiado la vida al 100% y que sea el milagro que todos estábamos esperando para cambiar radicalmente nuestras vidas y mentes inquietas. No obstante, si os puedo decir que ha supuesto un pequeño giro en mi día a día, y me ha ayudado (y ayuda) a desconectar el “piloto automático” que todos llevamos encendido prácticamente once meses al año, a centrarme en el aquí y el ahora, y a gestionar mis emociones, reacciones, actitudes y pensamientos.

El trabajo, la familia, la casa…nos hacen actuar a diario como máquinas que ejecutan el mismo programa una y otra vez. Es decir, con el piloto automático encendido a todas horas y recorriendo el mismo camino, día tras día. Y es en este camino en el que a veces, algunas personas, nos encontramos con episodios de estrés que terminan conduciéndonos a crisis de ansiedad con las cuales, nuestra salud física y mental termina viéndose inevitablemente afectada, y con ello nuestro trabajo y nuestra familia.

Llegados a este punto os preguntaréis, pero ¿qué tengo que hacer exactamente? Y otros muchos ya estaréis pensando: ¡No tengo tiempo! o ¡No tengo espacio en mi casa para un jardín de arena ni para incluir cinco Budas en mi salón!

¡Tranquilos! ¡Que no cunda el pánico! Nada de eso es necesario. Bastan diez minutos al día y el único requisito es que el lugar que elijas te transmita tranquilidad.

En mi caso concreto, empecé a cumplir con las pautas indicadas en el libro mencionado, que está dirigido a personas que nunca han tenido contacto con el mindfulness, y contiene un programa para ocho semanas. El ejercicio de las uvas pasas o el del cepillo de dientes, son de los primeros del libro y ambos te ayudan a centrarte plenamente por primera vez en actos comunes pero que pasan totalmente desapercibidos para nuestra mente, como comerte un puñado de uvas pasas (centrarte en su sabor, en lo que sientes mientras las comes), o que durante siete días a la semana, mientras te cepillas los dientes por la noche, pienses únicamente en eso: en el cepillado de tus dientes (y no en la lista de la compra, el juicio del día siguiente o la ropa que te vas a poner).

Estos simples ejemplos son los que nos van a permitir tomar conciencia de la intensa actividad de nuestra mente, ayudándonos a posteriori a echar el freno y a centrar nuestra atención plena en lo que hacemos, decimos y vemos en cada momento concreto. En el aquí y el ahora.

Otra opción que he probado han sido las app de meditaciones guiadas, como Intimind o Headspace, que utilizo antes de dormir y que están organizadas por temas: relajación, gestión de las emociones (miedo, tristeza, rabia), habilidades sociales y profesionales, que en función de lo que esté buscando o me preocupe en ese momento concreto, voy eligiendo y practicando.

Dicho esto, solo os puedo animar a que lo probéis.

Cambiar es posible 🙂

Veranos en familia

Para mí el verano es más que vacaciones, playa o descanso. Es el reencuentro con toda mi familia. Digo esto porque provengo de una familia muy numerosa, y soy la menor de cinco hermanos. Prácticamente, todos ellos con sus hijos viven en el extranjero: Estados Unidos, Kenia e Irlanda y solo uno de ellos vive en España. Por lo que, únicamente, en las vacaciones de verano y de navidades es cuando nos juntamos todos, llegando a ser más de veinte personas en casa, entre adultos y niños.

En concreto, en verano coincidimos todos unos días en Oliva, pueblo del que provienen mis padres. Es un pueblo costero de la Comunidad Valenciana, que no solo es conocido por sus paellas sino por la maravillosa playa que tiene y sus chiringuitos.

De este modo, los días que estamos todos juntos nos dedicamos, gran parte del tiempo, a “hacer familia” y afianzar aún más el vínculo que nos une. Para ello, tratamos de estar todos juntos, haciendo diferentes actividades: ir a la playa, hacer castillos de arena con los niños, ir a pescar, hacer paellas -mis hermanos incluso compiten para ver quien prepara mejor la paella-, jugar al tenis y a juegos de mesa, ir al cine de verano, tomar un helado, tomar unos refrescos en los chiringuitos…

Como decía, para mí es un momento muy especial, puesto que son solo muy pocos días del año los que estamos todos juntos. Es cierto que al ser tantas personas en casa en algunas ocasiones hay discusiones, como es lógico y normal, pero éstas no superan de ninguna manera a los momentos felices y divertidos que pasamos todos juntos.

Cuando se acaban estos días de verano, ya estoy contando el tiempo que falta para que lleguen las navidades, momento entrañable del año en el que vuelvo a reencontrarme con toda mi familia.

¡Dale chispa a tu vida!

Hoy en día todos tenemos, como mínimo, un coche. Lo utilizamos prácticamente a diario, incluso cuando no es necesario. Debido a esto, cada día hay más restricciones al tráfico: prohibido entrar en Madrid, prohibido circular a más de 70 Km por hora, prohibido aparcar, y un largo etc. Por estos motivos, y por muchos más, decidí hace un año darle chispa a mi vida y comprarme un coche 100% eléctrico (Zero emisiones), alias “Chispinas”. 

chispa

Pertenecer a la comunidad eléctrica es una “frikada”. Hay miles de aplicaciones donde compartir tus experiencias a bordo del vehículo, concentraciones, e incluso un saludo especial cuando te cruzas con un coche de tus mismas características: levantar el índice y el corazón en forma de V. Porque somos “VERDES”.

Con mi Chispinas entro sola en los carriles de alta ocupación, tengo descuentos en el impuesto de tracción mecánica, no me afectan las restricciones al tráfico cuando hay una alta contaminación, aparco gratis, -¡Sí, gratis!- en la zona azul y verde de todo Madrid… Y todo esto por un consumo de electricidad de, aproximadamente, 20 euros al mes.

Pero no es oro todo lo que reluce. Uno de los inconvenientes son las estaciones de recarga, que prácticamente no hay y no funcionan, y las que vemos por Madrid cobran la luz a precio de gasolina.

Creedme. A diario planifico mi viaje para no pasar penurias. La autonomía depende, entre otras variables, del frío o del calor, del tráfico y del estilo de conducción. Es por ello que ir al volante de este tipo de vehículos supone un extra de adrenalina en tu vida.

Aun así, y a pesar de todo esto, tengo que deciros que sigo apostando por el medio ambiente, que tenemos que concienciarnos y que os recomiendo 100% que pongáis una “chispa” en vuestra vida.