BLOG PERSONAL

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“La tecnología está reinventando los modelos de negocio pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito.”
Stephen Covey

Conócenos un poco más conociendo lo que nos gusta. En este blog contamos lo que nos gusta, porque esta profesión es muy personal.

Mi primera vez

Recuerdo como si fuera ayer (ojalá fuera ayer, por aquello de quitarme años ), cuando finalicé el Instituto. Tenía que elegir carrera, cosa que fue sencilla, desde bien pequeña lo tenía claro, yo iba a ser abogada.

Al llegar a la Universidad (mi adorada Carlos III) además de conocer a gente con la que compartir aquellos años, cuyo cariño y amistad aún mantengo, conocí al que sería mi compañero de fatigas durante largos años, el Derecho.

Al finalizar mi etapa universitaria, tenía ganas de comerme el mundo. Casi de inmediato comencé mi andadura profesional en ABA Abogadas fue todo un reto para mí. El aprender de grandes profesionales, la atención al público, los primeros juicios (esos que te hacen romper la barrera de la vergüenza, del miedo a hablar en público que me había impedido hacer exámenes orales durante la época estudiantil) trabajar bajo presión con plazos preestablecidos, pan comido.

¿Por qué digo “pan comido”? Nada te prepara para el momento en el que eres madre. Adiós planificación, tiempo libre, vida propia, pero bueno, todo compensa. Lo peor de todo son los engaños de tu entorno. ¿Por qué nadie habla de los parques de bolas? ¿por qué no te avisan antes de decidir lanzarte a la maternidad de que esos lugares existen? No son un mito como los unicornios.

¿Habéis ido alguna vez? Oh my God! Ningún juicio encarnizado es peor, decenas de niños gritando en un lugar donde el eco amplía los decibelios, todos sudados, todos quieren agua, todos quieren pis. Conseguir llegar a tu hijo es mas complicado que el que te dejen mas de 5 minutos de conclusiones en un juicio…

En ese momento piensas, ¿qué momento de mi vida me ha hecho llegar aquí? Pero bueno, luego llegas a casa, tu hijo cae en coma profundo del agotamiento y piensa: qué bien se lo ha pasado y mando mis peores deseos a los inventores de los parques de bolas.

Amén.

 

 

Vacaciones

Buena palabra; suena bien.

Más que sonar, resuena. Resuena como un eco no sé si en el cerebro, en el estómago o en el corazón, pero, en todo caso, en lo íntimo de cada uno.

¡Y qué distinto va siendo este eco a lo largo del tiempo! Recuerdo con nitidez algunos episodios de mis vacaciones primero infantiles, luego como adolescente, luego estrenando mi mayoría de edad y mi independencia… Luego, luego, luego… Han pasado años y vacaciones, y cada año, en cada época de mi vida, mis vacaciones han ido siendo distintas. Y cada año, cuando llega la época de las vacaciones todos los episodios, todas las sensaciones de las vacaciones pasadas parecen apretarse en una bola, una pelota cada vez más grande, pero siempre agridulce y siempre prometedora.

Una colega jueza me dice que han terminado por ir de vacaciones siempre al mismo lugar, una casa familiar que han ido arreglando y adaptando a su gusto. Me dice: cuando al entrar en la casa veo en el perchero colgado el viejo jersey del invierno ya sé que han comenzado las vacaciones. Me divierte recordar esta frase y esta escena.

En cambio, otro colega – socio de un despacho importante- viaja con su familia cada vez a un lugar distinto. Pero él sigue siendo el mismo: “El primer día de vacaciones me levanto a la misma hora de siempre y lo primero, consultar la agenda…”.

Hay gustos para todo, dice el saber popular.

En las vacaciones de mi propia familia he aprendido a ir disfrutando de las vivencias de los distintos miembros: las impaciencias infantiles, las inquietudes adolescentes, las persistentes preocupaciones adultas; y también de las peculiares costumbres de los abuelos cuando nos visitan. Algún tiempo me queda para pensar en mí. Al sol, en una confortable butaca de mimbre, con una copa de vino cerca.

Estas son, ahora, mis vacaciones. Siempre bienvenidas.

Buenos Aires

Este año voy a pasar mis vacaciones a Buenos Aires, ciudad con nombre evocador que conozco bien por razones familiares. Es la primera vez que voy en verano –su invierno- y será un contraste pasar en doce horas de los cuarenta grados de temperatura de  Madrid, a los menos de diez grados que hará en la capital argentina. Será la única novedad que me deparará este viaje. Todo lo demás ya no me sorprenderá.

Sé que me espera la hospitalidad de los argentinos, gente cálida y cercana donde las haya. Que te encandilan con su verbo fácil. Que transmiten vitalidad y optimismo con generosidad.

Me tocará dar un beso -no dos como en España- cuando vuelva a ver a una persona conocida, o alguien que me acaben de presentar, sea hombre o mujer.

Comeré la mejor carne de vaca del mundo, hecha en parrilla. También empanadas -el otro plato nacional- que son del tamaño de nuestras empanadillas pero están cocinadas al horno, preparadas con otra masa, y rellenas la mayor parte de las veces de carne. Sin olvidar la herencia gastronómica recibida de los inmigrantes italianos, en platos como las pizzas, hechas con una masa más gruesa que la italiana, pero igual de ricas, y en postres como el helado, que no hay que dejar de probar. Y de sobremesa, el mate, bebida argentina por excelencia. Es una hierba -yerba dicen ellos- que se toman en una taza específica para ello, llamado mate, y con una especie de pajita metálica, llamada bombilla. Beberlo acompañado es todo un ritual, porque se utiliza un único recipiente y una única pajita que se van pasando de mano en mano, sin que a nadie se le ocurra limpiarla antes de llevársela a la boca.

Y pasearé por sus calles, algunas de ellas anchísimas como la Avenida de Mayo, otras estrechas como la calle Florida, regada de tiendas turísticas, donde se pueden comprar artículos de cuero, y cambiar euros en pesos argentinos. Y por sus barrios, Palermo -una especie de Malasaña porteño-, la Recoleta -zona noble de la capital, su barrio de Salamanca-, por el barrio de San Telmo -famoso por sus tiendas de antigüedades-, o por el barrio de la Boca, pintoresco donde los haya, donde residieron los primeros emigrantes italianos.

En fin, se lo que me espera, y por eso estoy deseando ir.

 

Mindfulness…y eso ¿qué es?

Estoy segura de que a día de hoy, prácticamente todos hemos oído hablar alguna vez del Mindfulness pero ¿sabemos realmente qué es y en qué puede ayudarnos?

El Mindfulness es una filosofía de vida basada en la búsqueda de la atención o conciencia plena a través de la meditación. Es decir, su objetivo persigue centrar nuestra atención en el “aquí y el ahora”, en ayudarnos a tomar conciencia del momento presente y de la realidad que vivimos en cada momento, alejándonos del pasado y del futuro, que son los momentos en los que centramos nuestra atención el 99% de nuestro tiempo.

Aunque su nombre equivocadamente nos puede llevar a pensar que es una moda reciente, la realidad es que es una práctica que tiene su origen en el budismo, si bien, no cuenta con ningún componente religioso ni espiritual.

Yo desconocía su existencia hasta que un buen día, alguien puso en mis manos el libro “Mindfulness: Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético“. (Mark Williams y Danny Penman).

No puedo decir que me haya cambiado la vida al 100% y que sea el milagro que todos estábamos esperando para cambiar radicalmente nuestras vidas y mentes inquietas. No obstante, si os puedo decir que ha supuesto un pequeño giro en mi día a día, y me ha ayudado (y ayuda) a desconectar el “piloto automático” que todos llevamos encendido prácticamente once meses al año, a centrarme en el aquí y el ahora, y a gestionar mis emociones, reacciones, actitudes y pensamientos.

El trabajo, la familia, la casa…nos hacen actuar a diario como máquinas que ejecutan el mismo programa una y otra vez. Es decir, con el piloto automático encendido a todas horas y recorriendo el mismo camino, día tras día. Y es en este camino en el que a veces, algunas personas, nos encontramos con episodios de estrés que terminan conduciéndonos a crisis de ansiedad con las cuales, nuestra salud física y mental termina viéndose inevitablemente afectada, y con ello nuestro trabajo y nuestra familia.

Llegados a este punto os preguntaréis, pero ¿qué tengo que hacer exactamente? Y otros muchos ya estaréis pensando: ¡No tengo tiempo! o ¡No tengo espacio en mi casa para un jardín de arena ni para incluir cinco Budas en mi salón!

¡Tranquilos! ¡Que no cunda el pánico! Nada de eso es necesario. Bastan diez minutos al día y el único requisito es que el lugar que elijas te transmita tranquilidad.

En mi caso concreto, empecé a cumplir con las pautas indicadas en el libro mencionado, que está dirigido a personas que nunca han tenido contacto con el mindfulness, y contiene un programa para ocho semanas. El ejercicio de las uvas pasas o el del cepillo de dientes, son de los primeros del libro y ambos te ayudan a centrarte plenamente por primera vez en actos comunes pero que pasan totalmente desapercibidos para nuestra mente, como comerte un puñado de uvas pasas (centrarte en su sabor, en lo que sientes mientras las comes), o que durante siete días a la semana, mientras te cepillas los dientes por la noche, pienses únicamente en eso: en el cepillado de tus dientes (y no en la lista de la compra, el juicio del día siguiente o la ropa que te vas a poner).

Estos simples ejemplos son los que nos van a permitir tomar conciencia de la intensa actividad de nuestra mente, ayudándonos a posteriori a echar el freno y a centrar nuestra atención plena en lo que hacemos, decimos y vemos en cada momento concreto. En el aquí y el ahora.

Otra opción que he probado han sido las app de meditaciones guiadas, como Intimind o Headspace, que utilizo antes de dormir y que están organizadas por temas: relajación, gestión de las emociones (miedo, tristeza, rabia), habilidades sociales y profesionales, que en función de lo que esté buscando o me preocupe en ese momento concreto, voy eligiendo y practicando.

Dicho esto, solo os puedo animar a que lo probéis.

Cambiar es posible 🙂

Veranos en familia

Para mí el verano es más que vacaciones, playa o descanso. Es el reencuentro con toda mi familia. Digo esto porque provengo de una familia muy numerosa, y soy la menor de cinco hermanos. Prácticamente, todos ellos con sus hijos viven en el extranjero: Estados Unidos, Kenia e Irlanda y solo uno de ellos vive en España. Por lo que, únicamente, en las vacaciones de verano y de navidades es cuando nos juntamos todos, llegando a ser más de veinte personas en casa, entre adultos y niños.

En concreto, en verano coincidimos todos unos días en Oliva, pueblo del que provienen mis padres. Es un pueblo costero de la Comunidad Valenciana, que no solo es conocido por sus paellas sino por la maravillosa playa que tiene y sus chiringuitos.

De este modo, los días que estamos todos juntos nos dedicamos, gran parte del tiempo, a “hacer familia” y afianzar aún más el vínculo que nos une. Para ello, tratamos de estar todos juntos, haciendo diferentes actividades: ir a la playa, hacer castillos de arena con los niños, ir a pescar, hacer paellas -mis hermanos incluso compiten para ver quien prepara mejor la paella-, jugar al tenis y a juegos de mesa, ir al cine de verano, tomar un helado, tomar unos refrescos en los chiringuitos…

Como decía, para mí es un momento muy especial, puesto que son solo muy pocos días del año los que estamos todos juntos. Es cierto que al ser tantas personas en casa en algunas ocasiones hay discusiones, como es lógico y normal, pero éstas no superan de ninguna manera a los momentos felices y divertidos que pasamos todos juntos.

Cuando se acaban estos días de verano, ya estoy contando el tiempo que falta para que lleguen las navidades, momento entrañable del año en el que vuelvo a reencontrarme con toda mi familia.

¡Dale chispa a tu vida!

Hoy en día todos tenemos, como mínimo, un coche. Lo utilizamos prácticamente a diario, incluso cuando no es necesario. Debido a esto, cada día hay más restricciones al tráfico: prohibido entrar en Madrid, prohibido circular a más de 70 Km por hora, prohibido aparcar, y un largo etc. Por estos motivos, y por muchos más, decidí hace un año darle chispa a mi vida y comprarme un coche 100% eléctrico (Zero emisiones), alias “Chispinas”. 

chispa

Pertenecer a la comunidad eléctrica es una “frikada”. Hay miles de aplicaciones donde compartir tus experiencias a bordo del vehículo, concentraciones, e incluso un saludo especial cuando te cruzas con un coche de tus mismas características: levantar el índice y el corazón en forma de V. Porque somos “VERDES”.

Con mi Chispinas entro sola en los carriles de alta ocupación, tengo descuentos en el impuesto de tracción mecánica, no me afectan las restricciones al tráfico cuando hay una alta contaminación, aparco gratis, -¡Sí, gratis!- en la zona azul y verde de todo Madrid… Y todo esto por un consumo de electricidad de, aproximadamente, 20 euros al mes.

Pero no es oro todo lo que reluce. Uno de los inconvenientes son las estaciones de recarga, que prácticamente no hay y no funcionan, y las que vemos por Madrid cobran la luz a precio de gasolina.

Creedme. A diario planifico mi viaje para no pasar penurias. La autonomía depende, entre otras variables, del frío o del calor, del tráfico y del estilo de conducción. Es por ello que ir al volante de este tipo de vehículos supone un extra de adrenalina en tu vida.

Aun así, y a pesar de todo esto, tengo que deciros que sigo apostando por el medio ambiente, que tenemos que concienciarnos y que os recomiendo 100% que pongáis una “chispa” en vuestra vida.

El club de los mentirosos

Esta primavera tan lluviosa he aprovechado para leer un libro: El Club de los Mentirosos, de Mary Karr (Texas , 1955). Ha sido una de esas lecturas que dejan huella y a partir de entonces tu mirada se renueva para siempre.

La novelada memoria de la autora trata de su vida junto a su familia, su padre, su madre y su hermana, entorno en el que revolotean las múltiples parejas de su madre, en una localidad petrolera de Texas en los años 60.

La historia es terrible, por la crudeza de las vidas de sus personajes, alcoholismo, violencia, secretos, mentiras, pero a la vez desternillante porque está contada desde la visión de una niña pragmática inconsciente, inteligente, despierta y sincera, que absorbe lo que ve y que, a pesar de todo, es una carta de amor a su tribu.

La madre es una alcohólica, dispara a dos de sus maridos dentro de casa, ha contraído matrimonio hasta siete veces, dos de ellas con el padre de la escritora, y amenaza a su hija con un cuchillo de cocina.

La hermana de la autora, Lecia, con 11 años ya sabía conducir un coche de marchas manuales y convencer a un policía de que se había olvidado el carnet en casa al tener que llevar a su hermana pequeña urgentemente al médico.

La autora adora a su familia, a pesar de sus rarezas, pero especialmente a su padre, quien se reúne a diario, tras el duro trabajo en los campos petroleros, en el Bar con amigos y conocidos, de donde surge el nombre de la novela, tan sugerente -El club de los mentirosos-, que hace referencia a esas reuniones, donde cada uno cuenta sus “batallitas” para presumir y hacerse valer en el grupo.

May Karr, al sincerarse y contar su terrible vida, ve como los episodios que un día parecía que iban a suponer la destrucción de la familia hoy conllevan una liberación de sus miedos, culpas y sentimientos encontrados. Cuenta que tras escribir sus memorias, contrariamente a su creencia de que los lectores pensarían que los miembros de su familia eran monstruosos, muchas personas se acercaban y le contaban sus propias historias familiares truculentas, haciéndole sentir allí donde iba a promocionar su libro que se creaba una comunidad a su alrededor.

Incluso parece que algunos psiquiatras han llegado a recomendar El club de los mentirosos a sus pacientes, por entender que podía ser útil para el tratamiento de abusos sexuales en menores, alcoholismo o traumas infantiles y, dado que muchos lectores se le echaban a llorar al conocerla, se le ocurrió una broma para romper la tensión en esos momentos: les dijo que denunciaran a sus médicos por mala praxis, pues ella no es ninguna experta en salud mental.

¡No pienses, corre!

Correr es de cobardes, qué aburrido es correr, correr es malo, ¿te levantas un domingo a las 7 de la mañana para ir a correr? y un largo etcéteras son las frases típicas que escucho cuando le cuentas a alguien que vas a correr. Sin embargo, este deporte cada día tiene más adeptos y puedes encontrarte gente corriendo a cualquier hora del día y en cualquier lugar, ¡por lo que somos muchos los cobardes que corremos!

La historia de cada corredor o “runner” como algunos nos llaman es diferente, unos corren porque es saludable, otros por quitarse kilos de más y otros simplemente porque les gusta. Yo personalmente corro porque me hace desconectar del frenético día a día que llevamos, porque me siento bien después de correr y lo más importante porque me encanta el ambiente que hay detrás de este deporte.

El día que tengo una carrera, no sólo tengo que madrugar casi más que para ir a trabajar, sino que además tengo que acostarme pronto o incluso de dejar de hacer planes para poder descansar y comer bien. En la salida el ambiente es de nervios, de concentración, de risas y durante el recorrido hay momentos de sufrimiento en los que yo incluso he llegado a pensar ¿qué hago aquí?, pero todo ello compensa con la inmensa satisfacción que sientes al entrar en meta.

En Madrid puedes encontrarte carreras populares casi todos los fines de semana del año: desde la “Rock´n Roll Madrid” que se celebra en el mes de abril y donde el mismo día los corredores tienen tres distancias para disfrutar (10K, Media Maratón y la mítica y tan dura Maratón de Madrid), pasando por la carrera del Barrio de Canillejas, conocida como “Trofeo José Cano” que en este 2018 celebrará su 38ª Edición, “Madrid Corre por Madrid” donde los corredores pueden recorrer las calles más emblemáticas de Madrid, hasta la tan mundialmente conocida y considerada como la mejor carrera de 10K de España, la “San Silvestre Vallecana” que se celebra el 31 de diciembre y donde cada año son más los corredores que se inscriben. Podría hablar de muchas más, pero estaríamos horas.

Una de las virtudes de este deporte es que no se compite contra nadie, sino que cada uno compite contra sí mismo y no necesitas nada más que unas zapatillas ¿A qué esperar para unirte a los runners? Como diría Chema Martínez, ¡No pienses, corre!

Eneko Bilbao

La gastronomía es una seña de identidad, y como bilbaína, aún más si cabe. Comer es un placer.

El sábado pasado tuve la oportunidad de visitar el nuevo restaurante de Eneko Atxa en Bilbao. Eneko Atxa es un cocinero vasco que ha conseguido 3 Estrellas Michelin con su restaurante Azurmendi.

Eneko Bilbao es la nueva apuesta del cocinero, y se ubica en el Palacio Euskalduna de Bilbao, siendo así el sustituto del famoso restaurante Etxanobe de Fernando Canales – también Estrella Michelín -. Eneko cuenta con dos menús tipo degustación además de la propia carta del restaurante. Los menús son el menú Bizkaia y el menú Bilbao, siendo el primero de ellos el elegido por nosotros.

El menú Bizkaia es un menú largo – 6 platos más el postre – además de los aperitivos de la casa. El menú es 100% recomendable, todo riquísimo, desde la mantequilla de oveja y la mantequilla de boletus, hasta la Gatzatua helada, miel y romero.

No puedo dejar de hacer mención y de manera muy especial, a la Ostra, sour de txakoli, rúcula y manzana, sobre la que se vierte un aire de mar cantábrico que pareciera que está en un puerto pesquero; la yema de huevo de caserío sobre estofado de Trigo, absolutamente espectacular y sorprendente, y el plato estrella del menú: el bogavante en sarmiento, jugo de ave y buñuelo de sus interiores, en una palabra: delicioso.

La experiencia merece la pena, y si es un regalo de cumpleaños, mejor que mejor. Como empezaba esta reseña, comer es un placer más que acto vital y necesario, y por ello hay que disfrutar de estos placeres de la vida que hacen que ésta sea un poco más fácil.

 

En homenaje a Lupus

Una de mis mayores aficiones es leer tebeos, da igual el tamaño, si es en blanco y negro o color o la historia, eso sí, si el dibujo no me llama o no me gusta, da igual que sea la mejor obra de todos los tiempos que no lo voy a poder disfrutar en toda su plenitud.

Entre mis autores favoritos se encuentra Frederik Peeters (Ginebra, 1974), hoy hablaré de algunas de sus obras. Decir, que ya sea en solitario o con guiones de otros compañeros de profesión su obra es espectacular.

Alcanzó la fama con Píldoras azules (2004), obra autobiográfica que toca el tema de las personas seropositivas, pero no desde un punto pesimista o victimista, y un dibujo cautivador, con detalles espectaculares (¿de repente un mamut en esta época del año, en medio de Ginebra? Con Peeters todo es posible) obra muy recomendable para adentrarse en los tebeos si nunca has leído más allá de Astérix o Zipi y Zape.

Se atreve también con obras de ciencia ficción como Lupus (2005-2007): a modo de “road movie” espacial, este tebeo nos presenta a dos amigos viajando por el universo cuando un tercer personaje se une al viaje creando un giro que convierte la aventura en una huida hacia delante. Sólo por la fauna y flora que imagina el auto ya merece la pena. Igual pasa con Aama (2012-2014): obra de carácter futurista, el personaje principal en esta obra a renegado de del mundo hipertecnológico en el que vivía para descubrir que lleva una vida miserable sin familia ni amigos, hasta que su hermano lo lleva a otro planeta en busca de una sustancia misteriosa conocida como Aama.

Con Paquidermo (2009) y Castillo de arena (2010), Peeters se mete de lleno en historias de corte surrealista. En la primera una mujer se dirige al hospital a ver a su marido que ha sido hospitalizado por un accidente, pero un elefante impide la circulación en la carretera, obligándola a abandonar su coche y hacer el recorrido andando, ya en el hospital se encontrará en un laberinto fascinante con personajes estrambóticos y un entorno que se va modificando según los pensamientos de los personajes. En la segunda, Castillo de arena, no encontramos con 13 personajes y un cadáver en una playa, donde la realidad va deformándose y se tienen que enfrentar a un destino cuanto menos inquietante.

Entre sus obras en colaboración, encontramos RG (2007-2008) donde nos cuentan el día a día de un agente del servicio de inteligencia francés; El olor de los muchachos voraces (2016), un viaje por el lejano oeste o Las migajas (2015) historia con personajes extravagantes y revolucionarios que intentan desviar un tren. Y Koma (2006-2009), una historia de aventuras, realidad social y relaciones padre-hija, donde se entremezclan la realidad con los sueños.

De todos ellos, debo confesar que tengo especial debilidad por Lupus, no obstante, mi gata se llama Lupus en honor a este tebeo.