BLOG PERSONAL

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“La tecnología está reinventando los modelos de negocio pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito.”
Stephen Covey

Conócenos un poco más conociendo lo que nos gusta. En este blog contamos lo que nos gusta, porque esta profesión es muy personal.

¡Buen camino!

Los peregrinos que emprenden el Camino de Santiago, como nos ocurre muchas veces en la vida, tienen clara su meta. Saben cuál es el lugar al que quieren llegar. Sin embargo, cada uno comienza su camino desde un origen distinto, eligiendo también senderos diferentes para recorrerlo.

En las primeras etapas del viaje nuestros pasos están cargados de energía y nos encontramos llenos de optimismo e ilusión. No obstante, pronto caemos en la cuenta de que no todas las etapas son iguales. Algunas transitan por senderos anchos, llanos e, incluso, cuesta abajo. Otras, en cambio, nos obligan a caminar por estrechas sendas, terrenos escarpados y abruptas pendientes.

Aunque en un primer momento desearíamos que todas las jornadas fuesen como las primeras, vamos cayendo en la cuenta de que, más tarde o más temprano, debemos enfrentar ambas para llegar a nuestro destino. De hecho, aprendemos que las etapas más duras son aquellas que ponen a prueba nuestras capacidades y nos exigen dar lo mejor de nosotros mismos para superarlas. Más aún, en esas situaciones difíciles es cuando descubrimos que el camino no lo recorremos solos y que son muchos los que, cuando tropezamos, están ahí para ayudarnos. Y, aunque muchas veces esa ayuda, igual que en el Camino de Santiago, pueda parecer pequeña -como una tirita o un poco de agua- su valor es realmente grande: significa que una persona está dispuesta a acompañarte cuando lo necesitas, incluso a veces sin conocerte. Son ellos los que nos dan el ánimo necesario para no rendirnos y seguir hacia adelante.

Al terminar cada jornada, buscamos el descanso y el calor de un hogar. En ellos, más que una cama o un plato de comida, encontramos dos cosas fundamentales. Por un lado, el consejo y la experiencia de quienes han hecho el mismo camino que hoy andamos nosotros, las cuales nos sirven de guía para la siguiente etapa. Por otro, el momento en el que recordar lo visto y lo vivido durante el día, en el que detenernos a reflexionar sobre lo que, durante la marcha, pasamos de largo.

Y es que, muchas veces, mirando únicamente hacia la meta, perdemos de vista lo verdaderamente importante: el camino hacia ella.

 

Estoy aquí

Desde niña, mi madre siempre repetía una y otra vez las mismas palabras mientras me peinaba por las mañanas delante del espejo: ‘‘Clara, cuida mucho a tus amigas. Son y serán siempre tu mayor tesoro’’. Acto seguido me daba un beso y me regalaba esa sonrisa de madre que tanta seguridad transmite. Cuánta razón, mami, cuánta razón. Y cuánto echo de menos esos besos mañaneros.

De repente, aparece. ¡Sorpresa! Así, sin más, sin avisar. Y desde entonces, ya no imaginas tu vida sin ella. ¿Cómo es posible reunir tanto amor incondicional, tantas ganas de dar sin recibir, de apostar, de cuidar, de vivir, de compartir? Tiene algo que engancha. Te atrapa, te abraza y te regala su tiempo para siempre.

¿Recuerdas? Bailes de fin de curso, meriendas y disfraces, miradas inocentes, excursiones al sol, fiestas de cumpleaños, paseos por la playa, pareos y bañadores de colores, listas de deseos, noches de luna llena, trenes con destino Madrid, comidas interminables y sobremesas con un toque de sur, fotografías que hablan solas, silencios llenos de complicidad. Ataques de risa. Y viajes, muchos viajes.

Puede que fuera tu compañera de pupitre, la que te apretaba la mano en la fila del comedor. La que se subía a un escenario con falda de volantes, lunares y flores en el pelo. La que te recogía de casa cada día en una Vespa azul. Tal vez os tropezasteis en un Colegio Mayor en esa que llaman ‘‘la mejor época de la vida’’. O en el aula magna de alguna Facultad de Derecho. ¿Un verano en el extranjero? ¡Cuidado! Quizás la tienes sentada justo detrás en el trabajo.

Sin duda, nunca falla. Está lejos y a la vez te pisa los talones –no creía en el teletransporte hasta que la conocí–. Hace pequeños los problemas y aconseja mejor que cualquiera. También sabe cuando es mejor no decir nada y escuchar una buena canción, o tomar un café sin prisas. ¿Su armario? Tu armario. Te hace sentir especial, importante, única.

Frena, respira y cuenta hasta diez como me has enseñado; tu fan número uno tiene algo que decirte: estoy aquí. Porque sí, porque me acuerdo de ti a todas horas, porque lo has dado todo por mi. Por esperar siempre en la meta. Por cambiar mi vida y hacerme ver el lado bueno de las cosas. Por cocinar para dos. Por secar alguna lágrima mientras inventas una excusa para que toque un poco la guitarra. Por tanta ilusión.

Estoy aquí, amiga. Y no pienso soltarte.

Y a ti, ¿cómo te gusta la tortilla de patatas?

He de reconocer que soy la fan número uno de la tortilla de patatas, no hay momento en que no vea la posibilidad de cocinarla o pedirla en un restaurante. Y creo que conozco a muy pocas personas, más bien a nadie a quien no le guste la tortilla de patatas.

La tortilla de patatas o tortilla española es uno de los platos típicos de nuestra gastronomía y siempre existe el gran debate en cuanto a los ingredientes y al modo de cocinarla, siendo las grandes preguntas ¿con o sin cebolla?, ¿poco o muy hecha?

Según he podido leer, el primer dato que existe sobre la tortilla de patatas parece estar documentado en 1519. Como todos sabemos la patata es una planta originaria de América del Sur y fue conocida por los conquistadores españoles de la mano de los Incas – quienes llamaban a la planta papa en quechua – y que a lo largo del siglo XVII acabó denominándose en España patata como comúnmente la conocemos.

También se sitúa a la tortilla de patatas en 1817 en un documento dirigido a las Cortes de Navarra denominado “memorial de ratonera”, en el que al parecer se explicaban las míseras condiciones en las que vivían los agricultores comparándolos con los habitantes de Pamplona y de la Ribera navarra. Después de una larga enumeración de los míseros alimentos tomados por los montañeses aparece la siguiente cita: “…dos o tres huevos en tortilla para cinco o seis, porque nuestras mujeres la saben hacer grande y gorda con pocos huevos mezclando patatas, atapurres de pan u otra cosa…”

Aunque la leyenda afirma que fue el General Tomás de Zumalacárregui quien inventó la tortilla de patatas como plato sencillo, rápido y nutritivo con el que saciar las penurias del ejército carlista. Otra versión afirma que lo inventó una ama de casa navarra, en cuya casa paró el General Zumalacárregui, a quien la señora, a base de huevos, cebolla y patatas hizo un revuelto que gustó mucho al general y que popularizó posteriormente entre sus tropas.

Sin embargo, recientemente el libro “La patata en España: historia y agroecología del tubérculo andino”, escrito por Javier López Linaje, asegura que el origen de la tortilla de patatas se encuentra en la localidad extremeña de Villanueva de la Serena (Badajoz), durante el siglo XVIII, y atribuye su origen a Joseph de Tena Godoy y al Marqués de Robledo, quienes trataron de encontrar en la patata un alimento barato para atenuar las hambrunas.

Según quien prepare la tortilla los ingredientes a usar pueden ser unos u otros. A día de hoy, ni los grandes chefs se ponen de acuerdo en cuanto al debate de si la tortilla de patatas tiene que llevar cebolla o no. Pero de lo que no cabe duda es que hay dos ingredientes que no pueden faltar: patata y huevo. A partir de hay que cada uno haga la tortilla como más le guste.

En mi caso, la tortilla de patatas me gusta sin cebolla, pues bien es sabido por todos los que me conocen, que no me gusta la cebolla. No será la primera vez que me encuentro con afirmaciones del tipo: “la tortilla sin cebolla no sabe a nada”, “la tortilla sin cebolla se queda seca”, “la cebolla es lo que le da jugosidad”, etc. Como buena fanática de este plato, no me ha quedado más remedio que probar la tortilla con cebolla, pero debo decir que, a pesar de haber probado muy buenas tortillas, me quedo con la tortilla sin cebolla.

Muchos han sido los ilusos que han intentado engañarme afirmando que la tortilla no llevaba cebolla y que la probara, pero he de reconocer que con los años he desarrollado la capacidad de con tan sólo mirarla y olerla de lejos, adivinar si lleva cebolla o no.

Entrando en el segundo de los debates sobre si la tortilla debe estar poco o muy cuajada, también existe multitud de opiniones. Están quienes se comieran las patatas mezcladas con los huevos antes incluso de echarlo a la sartén para cuajar o a quienes le da verdadero estupor comer tortilla donde se vea el huevo salir. En mi caso, soy de las primeras, ¡me gusta muy poco hecha! Pero como todo en esta vida, es cuestión de gustos, cada uno que cocine y se coma la tortilla de patatas como más le guste

En Madrid puedes encontrar multitud de bares y restaurantes que pujan por ver si tiene la mejor tortilla de patatas. Yo, sin querer dar publicidad a ninguno de los establecimientos ya que no me han pagado por ello – aunque bien podrían invitarme a una degustación –, os puedo hablar de los siguientes: Casa Dani, situado en el Mercado de la Paz, donde se hacen una de las mejores tortillas, aquí las puedes encontrar con o sin cebolla, eso sí, las que llevan cebolla es caramelizada y muy poco cuajadas. Taberna Pedraza, en la calle Ibiza, donde elaboran la famosa tortilla de Betanzos, por supuesto sin cebolla, con huevos de corral y muy poco hecha. Las Tortillas de Gabino, en la calle Rafael Calvo, donde puedes encontrar tortillas de patatas con salmorejo, con pulpo, con trufas, todo un elenco de sabores para enamorar el paladar. La Buha, en el emblemático barrio de La Latina, donde sus tortillas se caracterizan por hacer tortilla de gran grosor, rellenas de casi todo lo que quieras, pimiento rojo y atún, gambas al ajillo, queso de cabra y cebolla caramelizada, picadillo de chorizo, etc.

Seguro que después de leer este artículo, más de uno ha acabado salivando y pensando en comer tortilla de patatas.

Objetivos realistas, por favor

El modelo a seguir en cuanto a estilo de vida que se nos está imponiendo durante los últimos años tanto en medios de comunicación como en redes sociales es, en mi opinión, inalcanzable y absolutamente irreal. Si añadimos, además, ser mujer, como es mi caso, el grado de dificultad aumenta considerablemente.

Hoy en día, para cumplir con este “modelo”, tenemos que tener tiempo como mínimo para:

  • Trabajar. Si a esto le añadimos que las mujeres que se han incorporado al mercado laboral siguen dedicándose muchas veces casi en exclusiva al cuidado y limpieza de la casa, en el primero de los puntos ya emplearíamos casi todas las horas del día.
  • Dedicarle tiempo de calidad a tu familia. En este punto hay que distinguir si se tienen hijos o no. Si los tienes el tiempo de dedicación, evidentemente, aumenta de manera exponencial.
  • Dedicarle tiempo de calidad a tus amigos. La vida social es importantísima para tener “cierta” salud mental.
  • Dedicarle tiempo de calidad a tu pareja.

  • Llevar una alimentación sana. Esto implica no sólo comer sano sino, además, hacer la compra en fruterías, carnicerías, establecimientos con productos ecológicos, etc. Asimismo, hay que cocinar todos los días (nada de precocinados, claro) y, por supuesto, disfrutar de la comida “sin prisas”.
  • Hacer ejercicio. Todos los días se debe hacer una hora de ejercicio: salir a correr, ir andando al trabajo (con el madrugón que ello implica), apuntarte a un gimnasio, etc.
  • Dormir al menos ocho horas al día, descanso “de calidad”, nada de estrés por supuesto.
  • Leer y estar enterado de las últimas noticias.
  • Continuar formándote, nunca puedes dejar de hacerlo. Hay que estar al día.
  • Tener tiempo para aprender idiomas o mejorar los que ya sepas (las series y películas en inglés, claro, para qué vas a descansar).
  • Tener también alguna afición propia o hobby. Si puede ser un deporte mejor ya que lo compaginas también con el ejercicio diario pero si lo que te gusta es, por ejemplo, la alfarería el día se nos complica.
  • Y finalmente, lo más importante pero que dejamos para el último puesto de la lista, dedicarte tiempo a ti mismo, a lo que realmente te guste y necesites.

Entonces, ¿cuántas horas tiene un día? Es materialmente imposible mantener el nivel de exigencia que se nos está imponiendo, no hay suficientes horas al día, no las hay. Tal vez lo que deberíamos empezar a hacer es ponernos pequeños objetivos pero reales. ¿Quieres mejorar tu alimentación? Intenta comer más sano pero no te obsesiones. ¿Quieres mejorar tu inglés? No te obligues a ser bilingüe en una semana. ¿Quieres hacer más deporte? No te apuntes a un gimnasio al que nunca vas a ir, busca algún deporte que te guste y puedas practicar alguna vez por semana.

Descansa y sáltate todos los puntos intermedios que consideres oportunos hasta llegar al último: dedícate tiempo a ti mismo, los demás acabarán por cumplirse poco a poco, sin imposiciones ni prisas. Objetivos realistas, por favor.

¿Conectada las 24 horas? No, gracias

Hace unos días, mi querido reloj “de hacer deporte” dejó de funcionar, por lo que me animé a buscar alternativas un poco más modernas que el clásico Casio Digital (que me acompañaba desde hacía más de doce años).

Decidida, me acerqué a unos grandes almacenes, donde empecé a echar un vistazo a las diferentes opciones allí expuestas, y después de observar durante unos minutos la marabunta de modelos, me decidí -inocente de mí- a pedir asesoramiento a una de las dependientas que se encontraba por allí.

La chica me hizo las tres preguntas de rigor:

  • ¿Qué estás buscando?
  • Un reloj para cuando hago deporte.
  • ¿Tienes en mente algún modelo en concreto?
  • No, la verdad es que no.
  • ¿En qué trabajas?
  • Soy abogada.

Directamente, me llevó a la sección de Smartwatches y me enseñó el que para ella era la “joya de la corona” -y no se refería sólo al precio-. El caso es que después de recitarme de memoria todas las bondades del reloj (GPS, sensor de pulso cardíaco, control del sueño, pago sin contacto, batería inagotable, etc), soltó la bomba final:

“Y además te permite estar conectada las 24 horas, porque puedes recibir y contestar en tu reloj todas las notificaciones de tu teléfono, incluso llamadas”

Mientras iba escuchando esta frase, mi mente pensaba: ¿En serio? ¿EN SERIO? Cuando me di cuenta, estaba diciéndole a la dependienta: “¡No! No quiero estar las 24 horas del día conectada a mi teléfono móvil, ni al correo electrónico, ni por supuesto, ¡al WhatsApp!” (aspavientos y cara de terror incluidos).

Pedí disculpas a la chica (que me miraba ojiplática después de mi salida de tiesto) y me marché de allí, decidida a comprarme otro Casio Digital de los de toda la vida, que como mucho puedes cronometrar los segundos que aguantas haciendo planks.

En el mundo en el que vivimos, unos luchan por conectarnos las 24 horas del día hasta con el frigorífico y la lista de la compra, y otros, por el derecho a la desconexión digital fuera del trabajo (recientemente incluido en la LO 3/2018, de 5 de diciembre).

Este derecho no se va a implantar sólo (al igual que no lo hicieron derechos que hoy son fundamentales en el mundo laboral, como las jornadas de 40 horas semanales, la huelga o incluso, la libertad sindical), sino que creo que es cuestión de que todos tratemos de ponerlo en práctica, y lo más importante, aseguremos que nuestro tiempo de descanso y vacaciones es tiempo de calidad, que nos permita desconectar de verdad, recargar las pilas y volver al trabajo a tope de power  😉

Pd.- Este post no está patrocinado por Casio Digital.

Sapiens: de animales a dioses (Yuval Noah Harari)

Hace 2 millones de años nuestros antepasados humanos eran unos animales que vivían en una parte de África y su impacto en el mundo no era mayor que el de los Gorilas o las Cebras.

Hoy los humanos hemos conquistado el mundo entero y hemos cambiado nuestro entorno.

De esta historia trata el libro que hoy quiero comentar, del historiador Harari, que hace un análisis muy peculiar y muy interesante a la vez, de nuestra evolución como especie (homo sapiens), que hace solo 100.000 años convivía en la tierra con al menos otras seis especies de humanos.

El autor analiza como se produce la evolución de nuestra especie, preguntándose porque sobrevivimos nosotros y no los neandertales, por ejemplo, pasando por la revolución cognitiva hace 70.000 años, donde surge la capacidad de contar historias y de creérselas, lo que conlleva la capacidad de organizar grupos cada vez mayores, mediante los mitos, las religiones, los planes, las historias, y ello permite realizar tareas mas complejas y tener más poder.

Luego analiza la revolución agrícola que se produce hace 12.000 años, considerándola la gran estafa al considerar que el hombre pasa a una vida peor, mas dura y sacrificada que la que tenían los cazadores recolectores, aunque el hombre de nuevo adquiere mas poder domesticando animales y plantas.

Hace 500 años se produce la revolución científica y con esta el hombre afianza su poder para controlar el mundo e incluso la propia evolución biológica.

El Sr. Harari explica que una particularidad de nuestro lenguaje de inventar cosas que no existen y de creérnoslas ha sido un elemento fundamental para el éxito del homo sapiens.

Así al tener la capacidad de imaginar cosas colectivamente, como por ejemplo la religión, los estados, las sociedades anónimas, es posible colaborar entre muchas personas y además al depender de realidades imaginadas se puede cambiar rápidamente, mientras que la evolución biológica es más lenta.

Por ejemplo, en la Revolución Francesa, que no surge de un cambio biológico, sino por un cambio en las historias que el hombre inventa y en las que cree colectivamente.

El libro es muy recomendable y acaba analizando cual puede ser el futuro probable de la humanidad con la revolución permanente actual en los avances a todos los niveles y se pregunta si aparecerá una nueva especie de superhombre que acabe con el homo sapiens.

Soy cientófila…

… en mis ratos libres, de letras el resto del tiempo. Soy licenciada en Historia y tengo un Máster en Archivística, pero antes de eso empecé la carrera de Químicas, tuve que admitir la realidad y dejar la ciencia de lado, porque no era lo mío, pero me encanta y me parece fascinante, aunque no consiga retener absolutamente nada.

Durante los años de carrera y mucho tiempo después dejé de lado la ciencia por completo, gran error. Pero hace unos años empezaron a emitir en La2 un programa sobre ciencia, Órbita Laika, y ahí redescubrí un mundo apasionante, y a Antonio Martínez Ron, desde entonces mi divulgador científico de cabecera, es redactor jefe de Next, la sección de ciencia del diario digital Vozpopuli, creador del blog Fogonazos y de Naukas (junto a otros compañeros), y creador, junto a Javier Peláez y Javi Álvarez, del podcast Catástrofe ultravioleta (ganador del premio Ondas 2017) y muy recomendable es su libro El ojo desnudo (Ed. Crítica)

Gracias a Antonio descubrí el podcast Coffe Break: Señal y Ruido, tertulia científica sobre la actualidad de la ciencia, todas las semanas espero con ansias el viernes para poder escucharlo con la calma y disfrutar cada segundo. Tardé casi 4 meses en escuchar los primeros 122 episodios. Con algunos programas especiales, como por ejemplo de Cosmología o Física de partículas. Presentado principalmente por Héctor Socas-Navarro, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias, participan también en ella un montón de científicos increíbles, Francis Villatoro, Bernabé Cedrés, Marian Martínez, Itahisa Marcelino, Andrés Asensio, Sara Robisco, Héctor Vives, Carlos González, Ángel López-Sánchez y muchos otros. Pero he de reconocer (aunque no debería) que siento especial debilidad por Héctor Socas, con esa voz cautivadora y con algunas reflexiones dignas de admiración; Carlos Westendorp, el hombre tranquilo, que incluso cuando se enfada lo hace con una serenidad envidiable; y Alberto Aparici, el acaparador de conocimientos de todo tipo, que luego amablemente comparte con todo el mundo (también participa en los programas de Onda Cero La Brújula y Más de uno, y el podcast El Aleph).

Y gracias a Coffe Break descubrí Radio Skylab, otro podcast, para espaciotrastornados, presentado por Víctor Ruiz, Victo Manchado, Carlos Pazos y Daniel Marín, (cada uno de ellos tiene a su vez un blog de ciencia cada uno Infoastro, Pirulo Cósmico, Mola Saber y Eurekablog, respectivamente) donde se juntan para hablar sobre el espacio, la ciencia y otras curiosidades, quizás un programa un poco más estructurado que el de Coffe Break, eligen un par de temas y los desarrollan y hacen recomendaciones de libros, películas, etc., sobre los temas tratados. Especial mención fuera del podcast a las ilustraciones de Carlos Pazos y los hilos, en Twitter, sobre astronomía de Víctor Manchado (#lunesastronómico).

Y para terminar recomiendo el libro Una breve historia de casi todo (Ed. RBA), de Bill Bryson, divulgación científica de la buena.

En fin, que la ciencia mola mil.

Gracias a los científicos soberbios por su labor y dedicación.

No son sexis, son niñas

Con ocasión de las próximas fechas Navideñas en el Colegio de mis hijas celebran una fiesta de final de trimestre en la que los niños pueden ir disfrazados (esta vez nos han hecho el favor de que la temática sea libre, ya que muchas veces nos lo ponen tan difícil que eso daría para hablar largo y tendido).

A fin de elegir un disfraz hemos ido al típico bazar, tan socorrido en estos casos, y la indignación ha sido mayúscula cuando hemos visto que había dos secciones de disfraces distinguidos por el género (disfraces de niña y disfraces de niño), y no solo eso, sino que en muchos casos el disfraz de niña era la versión sexi del de niño, y así podías encontrar una bombera con minifalda, una policía con un amplio escote, etc… Además, la foto del paquete presentaba a niñas en actitud que no era propia para la edad en cuestión (estamos hablando de 4/6 años).

Esto me ha hecho reflexionar sobre algo que considero muy preocupante, la hipersexualización, cada vez más temprana, a que se somete a las niñas, ya que no es solo un disfraz, sino el mensaje que mandamos a los niños, perpetuando de una forma muy clara las diferencias de género. Si eres niña, tienes que estar guapa, pintarte, peinarte, ponerte muchos accesorios para gustar.

De esa forma solo hacemos niñas frágiles y vulnerables, que basan sus valores fundamentalmente en gustar a los demás. Por eso cuando mis hijas me preguntan si están guapas mirándose al espejo con la cara pintada como una puerta y una corona que pesa más que sus cabecitas (“adornadas” como dicen ellas) les digo que son guapas por cómo son, no por lo que se ponen, pero que además son fuertes, listas, inteligentes, divertidas, valientes… ¡¡claro que sí!!

Este tema de los disfraces es un exponente del resto de signos que encontramos en el día a día de la diferencia de géneros ya desde pequeños (juguetes, revistas, publicidad, series, videojuegos…) y que debe hacernos reflexionar.

En fin, que salimos del bazar compuestos y sin disfraz.

Finalmente irán vestidas de reno, con su nariz roja, sus cuernos, sus pezuñas y su manto de pelo, porque disfrazarse es eso, desfigurarse, enmascararse, con el fin y propósito fundamental de pasarlo muy bien, da igual que sean niños o niñas, respetemos su infancia.

Saludo al sol

Repasando mentalmente los deportes que he practicado durante mi vida (baloncesto, voleibol, natación, futbol, béisbol, tenis…) ninguno une en mí tantas cosas como el yoga.

Cuida tu cuerpo, pero también tu interior, te conecta a través del trabajo físico y mental con el cuerpo, con la parte más profunda de ti misma. Yo siempre lo había tenido como algo aburrido y en lo que no se hace mucho ejercicio.

Pero conforme ha ido pasando el tiempo, me gusta más y me enganchó. Necesitaba algo que me ayudara a gestionar las emociones y lo encontré.

El afán de instruirme, profundizar y estudiar me llevó a clase de yoga y el primer día salí más relajada y con la mente algo calmada, con los músculos algo más tonificados y parecía —sí, parecía— más alta. La verdad, había oído hablar sobre el yoga y sus propiedades relajantes, pero nunca se me había ocurrido que tuviera tantas facultades: alivia los dolores, mejora la automotivación y la concentración, te mantiene en el peso, reduce el estrés…

Porque la clase de yoga es mucho más que un ejercicio o una simple relajación, la meditación tiene que ver con el cultivo de la paz interior y la quietud, la conexión con el momento presente, aquí y ahora, que tanto nos dice Piedad, mi profesora. Sus verdaderos objetivos comienzan a dar frutos cuando se empieza a escuchar al propio cuerpo con respeto y se es capaz de observar la mente con objetividad y desapego, y se aprende a vivir la vida desde la propia realidad interior.

En resumen, el yoga es una medicina, es regalarme momentos para mí, me sosiega y me conecta más con el presente. Ayuda a compensar las posturas de horas y horas sentada en el despacho y he encontrado a gente, mejor dicho, amigos, con un estilo de vida parecido y similar visión de la vida.

Tengo que mejorar los equilibrios, es mi reto.

 

 

Ara Malikian y la increíble gira de violín

Obertura

Love Of Lesbian (que, para el que no lo sepa, es uno de los grupos estandarte de la escena Indie española), en uno de sus temas más famosos: “Club de fans de John Boy”, cantan la experiencia de alguien que asiste obligado y sin ninguna expectativa a un concierto del tal John Boy, y que, al término del recital, acaba por reconocer:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otro fan de John Boy”

Acto I

Posiblemente por desconocimiento, nunca me he sentido especialmente atraída hacia la música clásica. Aunque si tenía referencias sobre Ara Malikian. Único violinista que me resultaba conocido.

Conocidos y extraños me contaban maravillas sobre él; sobre todo que tenía la virtud de acercar a los profanos a un instrumento que, de inicio, parece indefectiblemente asociado a la música clásica. Pero reconozco que pensaba que, por mucho acercamiento al instrumento que él propusiera, si del violín solo salía música clásica, seguiría sin gustarme especialmente.

Y no podía estar más equivocada…

Acto II

En una ocasión, hace un par de años; mi hijo mayor (que, entonces, tenía tres años) me dijo que su ídolo era Lemmy Kilmister (fallecido líder del grupo de Heavy Metal “Motörhead”) y que él no quería oír “¡Nada de popito!”, refiriéndose a que no quería escuchar nada que no fuera el rasgueo de las más salvajes guitarras eléctricas rocanroleras. Por lo que decidí que tal vez convenía tratar de acercarle a géneros y estilos musicales un poco más “suaves”…

Poco después me enteré de que Ara (discúlpeseme la licencia, pero después de disfrutar de su cercanía en el escenario, me gusta pensar que puedo dirigirme a él sólo por su nombre de pila) ofrecía un recital para niños llamado “Mis primeras cuatro estaciones”. Así que, si bien con inicial escepticismo, compré las entradas y asistí con mi pequeño heavy al teatro.

Superó cualquiera de mis expectativas y creo que, también, las del mini-roquero, que salió del teatro diciendo que de mayor seguía queriendo ser Axl Rose, pero que, ahora, para su cumpleaños, quería un violín…

Acto III

Sabía que mi marido se había quedado con las ganas de ser él el que llevara a nuestro hijo al concierto para niños, así que, cuando me enteré de que justo el fin de semana de su cumpleaños, Ara traía a Santander su espectáculo “La Increíble Historia de Violín”, no dudé en regalarle las entradas.

Yo creía que sabía lo que iba a ver, ¡y estaba encantada! Aunque, debo reconocer que aún no sabía si un espectáculo de más de dos horas y media de duración, me mantendría tan interesada como lo hizo el que sólo duró una hora. ¡La realidad es que ni sospechaba lo que me iba a encontrar!

Ara, con su violín, capitanea una banda formada por otro violín, una viola, un violonchelo, un contrabajo, batería, percusión, guitarra eléctrica y (atención spoiler…) ¡la imprescindible campanilla!, que termina por ofrecer un espectáculo que se acerca más a un concierto de rock and roll, que, a un recital de música clásica.

Interpretando temas de los mejores compositores clásicos y contemporáneos; intercalando otros temas compuestos por él que “te iba colando” (como bromeaba Ara al presentarlos); pasando de Niccolò Paganini a Led Zeppelin; mostrando su cautivadora y perenne sonrisa; con su carisma arrollador y; a través de anécdotas, bromas y reflexiones, Ara nos guio por los hitos que han marcado su azarosa vida y la de su violín, llenando el Palacio de Deportes de Santander de emoción.

El final del concierto fue unánime: una interminable ovación de todo el público asistente, todos en pie y con la convicción de que esa banda bien merecía que nunca dejásemos de aplaudir. Seguramente, todos pensando, como yo, que Ara era ya nuestro amigo, que cualquier día podríamos llamarle para tomar un café y que él, por supuesto, aceptaría gustoso.

Acto IV

Tanto me gustó que, tras el concierto, me interesé por su biografía. Comprobé que lo que nos había contado a lo largo del concierto era cierto, si bien, convirtiendo en anécdotas casi cómicas, aquello que más le engrandece; como el haber sido capaz de ofrecer su primer concierto importante a la edad de 12 años; o el haber conseguido que el gobierno alemán le concediera una beca, a la edad de 14 años, para cursar estudios en la prestigiosa Hochschule für Musik und Theater Hannover (que le permitió huir de la guerra civil de Líbano, país del que Ara es originario), consiguiendo con ello, y entre otras cosas, ser el alumno más joven en cursar allí sus estudios.

En definitiva, por si alguien aún se lo pregunta, mi regalo de cumpleaños fue todo un éxito y, por terminar como empecé:

“Y ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy

Y ahora ya soy, otra fan de Ara Malikian”